Crisis Vitales

Acompañamiento psicológico en crisis vitales

Por la Lic. Rocío Ruth Vida, Psicóloga (UBA). M.N. 80364 / M.P. 75688

Hay momentos en los que la vida cambia de forma y los recursos que venían funcionando dejan de alcanzar. Una pérdida, una separación, un diagnóstico médico, la pérdida del trabajo, una mudanza, la partida de los hijos, la llegada de la jubilación. Situaciones muy distintas entre sí que comparten algo: obligan a reorganizar la manera de vivir.

Una crisis no es en sí misma un trastorno. Es una respuesta esperable frente a un acontecimiento que excede la capacidad de afrontamiento disponible en ese momento. El malestar tiene sentido. El punto no es eliminarlo, sino que el proceso pueda avanzar en lugar de quedar detenido.

Situaciones que se trabajan

Duelos. Por la muerte de un ser querido, pero también por pérdidas que no siempre se nombran como duelo: el fin de una relación, la pérdida de un proyecto, de un vínculo, de una capacidad física, de un lugar.

Separaciones y divorcios. El impacto emocional propio, la reorganización práctica de la vida y, cuando hay hijos, la construcción de un vínculo parental que funcione después del quiebre de la pareja.

Cambios laborales. Despidos, jubilación, cambios de carrera. Cuando el trabajo ocupaba un lugar central en la identidad, su pérdida deja un vacío que excede lo económico.

Enfermedad y diagnósticos. El propio o el de alguien cercano. Incluye el proceso de adaptación a una condición crónica y el desgaste de quienes ocupan el rol de cuidadores.

Transiciones del ciclo vital. Maternidad y paternidad, salida de los hijos del hogar, mudanzas, migración, envejecimiento. Cambios previsibles que igual desorganizan.

Migración. Un caso particular, porque combina pérdidas simultáneas de vínculos, códigos culturales, referencias cotidianas y a veces del propio proyecto profesional.

Cómo se trabaja

El primer movimiento suele ser ordenar. En una crisis todo se presenta junto y con la misma urgencia. Separar lo que requiere una decisión inmediata de lo que puede esperar, y distinguir lo modificable de lo que sólo puede ser atravesado, baja el nivel de sobrecarga.

Después viene el trabajo sobre lo que la situación significa para vos. Dos personas frente al mismo hecho construyen lecturas distintas, y esa lectura determina buena parte del impacto. Muchas veces aparecen interpretaciones de culpa, de fracaso o de responsabilidad excesiva que agravan el cuadro y que conviene poder examinar.

También se trabaja sobre el sostén de la vida cotidiana. En las crisis suelen desarmarse primero las rutinas básicas: el sueño, la alimentación, el contacto social, la actividad física. Recuperar esa estructura mínima no resuelve la situación, pero da la base para poder afrontarla.

Y se apunta a recuperar capacidad de decisión. Las crisis producen la sensación de que todo pasa sin intervención propia. Identificar los márgenes reales de acción, aunque sean acotados, restituye algo del propio lugar.

Sobre el tiempo

No hay plazos estándar para atravesar una pérdida, y las expectativas del entorno sobre cuánto debería durar el malestar suelen agregar presión en lugar de ayudar.

Sí existe un criterio clínico: cuando pasan varios meses y el proceso no muestra movimiento, cuando el malestar se generaliza a áreas ajenas al hecho, o cuando la vida cotidiana queda comprometida de manera sostenida, conviene una consulta. En algunos casos, un duelo detenido evoluciona hacia un cuadro depresivo, que requiere otro abordaje. Podés ver ese tratamiento en terapia para la depresión.

Si estás atravesando una situación así, podés escribirme para una primera entrevista.

Preguntas frecuentes

¿Hace falta terapia para atravesar un duelo?

No siempre. La mayoría de los duelos se elaboran con los recursos propios y el sostén del entorno. La consulta se vuelve pertinente cuando el proceso se estanca, cuando la intensidad no cede con el paso de los meses, o cuando compromete el funcionamiento cotidiano de manera sostenida.

¿Cuánto dura un proceso por una crisis vital?

Suelen ser procesos más acotados que un tratamiento por un trastorno instalado, con frecuencia entre 10 y 20 sesiones. El foco está puesto en atravesar la situación puntual y en recuperar la organización de la vida cotidiana.

Lo que me pasó no parece tan grave, ¿igual puedo consultar?

Sí. El impacto de un hecho no se mide por su gravedad objetiva sino por lo que significa para cada persona y por los recursos disponibles en ese momento. No hace falta justificar el malestar para pedir ayuda.

¿Qué diferencia hay entre una crisis vital y una depresión?

Una crisis vital es una respuesta esperable a un acontecimiento identificable, y tiende a reorganizarse con el tiempo. Cuando el malestar se sostiene, se generaliza a áreas no relacionadas con el hecho y aparecen síntomas como pérdida de interés generalizada o alteraciones marcadas del sueño y el apetito, puede haberse configurado un cuadro depresivo. Eso se evalúa en entrevista.

¿Querés consultar por este espacio?

Podés escribirme para coordinar una primera entrevista. Atiendo de lunes a viernes de 09 a 16 hs, por videollamada, para consultantes de toda Argentina.

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